El libro como extensión de la imaginación

Paula Lobiano B.
25 de octubre de 2025 (editado)

Cada vez más, me cuesta identificar una capacidad verdaderamente distintiva del ser humano. Las nuevas (o ya no tan nuevas) tecnologías como la inteligencia artificial junto a los sucesivos descubrimientos sobre la capacidad de razonamiento y aprendizaje de especies diferentes a la nuestra, han acabado con la idea de que estas capacidades sean exclusivamente humanas. Irene Vallejo, entre otros autores, propone que existe una cualidad propia y distintiva del ser humano, que nos empuja hacia lugares imprevistos e inesperados, impulsándonos a crear y reinventar nuestras formas de coexistir. Esta cualidad es la de -imaginar-, y aunque no tenemos la certeza de que sea una facultad exclusivamente humana, sí podemos afirmar que nuestra auténtica fortaleza es creativa. En este sentido, la imaginación nos permite concebir mundos posibles, al impulsarnos a combinar elementos a través de enlaces improbables. 

Jorge Luis Borges vinculó la cualidad humana de -imaginar- con la posibilidad de plasmarla en un artefacto: el libro. El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación, dice Borges, remitiéndonos a la idea de explorar, por medio de la lectura y la creación de personajes,  una inmensidad de tiempos y mundos posibles. Un libro nos permite despegar hacia distintas realidades, libres de los límites impuestos por nuestras formas de organización social. 

En esa misma línea, Virginia Woolf, quién sentía un especial interés por el ejercicio de la -imaginación-, dice que esta audaz práctica, no sólo aumenta nuestro sentido de libertad, si no que fomenta la empatía. A través de la imaginación podemos comprender, por un lado, al autor o autora de un texto, y por otro, a los personajes narrativos. La imaginación entonces, podemos entenderla como una práctica que fortalece la relación con nuestra mente pero también con nuestro entorno, al permitirnos ser quienes nunca podríamos ser. Esta relación empática con personalidades desconocidas (y en ocasiones inexistentes) constituye además una herramienta que permite desafiar las normas del mundo que ya conocemos.  

Es definitivo que leer un libro es un ejercicio para el desarrollo de la imaginación. Sin embargo, un libro no solo se limita al acto creativo de la escritura y de la lectura, sino que también es un objeto: el objeto libro. Como tal, un libro se compone de dos elementos escenciales para existir: la textualidad, que refiere al contenido del libro – texto, fotografías o dibujos-; y la materialidad, los aspectos físicos, cuerpo o forma que sostiene ese contenido. Si asumimos que un libro es un diálogo entre ambos aspectos -textualidad y materialidad-, podemos decir también que la relación entre ellos se enriquece a medida que aumenta nuestra amplitud creativa. 

Sea como fuese, la mayoría de las veces elegimos nuestros libros por su textualidad, pues el tema que abordan o la técnica de escritura son de nuestro particular interés. Sin embargo, algunos excéntricos, se han resistido a la idea de destacar únicamente el contenido del libro adscribiéndose a la idea de simbiosis entre textualidad y materialidad. Aun así, podemos afirmar que las materialidades disponibles para el libro siguen siendo escasas. La diversidad de sustratos para su producción de libros es todavía muy limitada, pues hemos descansado en la idea predominante de la celulosa vegetal como papel, generando no solo una explotación sobredimensionada de este recurso, sino que también constituye una limitante para los procesos creativos y expansivos de la -imaginación-.

Asumiendo que la imaginación es, entre otras cosas, una herramienta para relacionarnos con nuestro entorno, me resulta relevante explorar cómo el desarrollo de la materialidad y su vínculo con la textualidad pueden enriquecer nuestro ecosistema editorial. Ampliar nuestro universo material y textual, permite desafiar los límites de lo conocido y proponer otras formas de relacionarnos.

BIBLIOGRAFÍA

Borges, J. L. (1941). La biblioteca de Babel. Editorial Sur.

Carrión, U. El arte nuevo de hacer libros: Archivo Carrión I. Tumbona Ediciones y CONACULTA.

Vallejo, I. (2021). Manifiesto por la lectura. Editorial Siruela.